El mes acabó y con él la oferta de François. Me propuso vivir en su casa, pero no con él. El vivía con su novia en Entre-Deux.
Mi compañero de piso seria un perro llamado “Chico”. Un caniche o algo parecido fue lo primero que pensé. Un perro “chico” por deducción no puede ser muy grande.
Cuando llegábamos a la casa que estaba por las alturas de Saint Paul se oían los ladridos de la lejanía.
Al bajar del coche me entró un ataque de risa al ver lo acertado que estaba. Era el rottweiler más grande que había visto en mi vida.
- ¿Cuánto pesa esto?-le dije-.
- Más de cincuenta kilos.
Casi como yo, genial. Le lanzó una barra de pan duro de las muchas que nos habían regalado en la panadería y la cogió al vuelo. Luego empezó a menear la cabeza de un lado a otro hasta que descuartizo y se fue tranquilamente a su casita para acabar con los restos.
- Cuando coma, no le molestes, eh?
- De momento quiero conservar mis brazos, no te preocupes.
Cuando Chico “el grande” terminó, vino a buscar cariño. Debajo de esa fiera se escondía un perro juguetón. Se empezó a emocionar y me montó la pierna.
Si le quitaba quizás me quedaba sin brazo y sino con la pierna hecha un cristo.
François invertido rápidamente y me dijo que me mantuviera firme si no quería que el perro se subiese a la parra. Hice lo que pude y el perro se fue calmado.
De vez en cuando le tirábamos más barras de pan para que se olvidara de mis piernas y me dejara visitar la casa.
El hogar de François era tremendo. Estaba situado a trescientos metros de altitud. Es algo muy importante. En Reunion el verano empieza entre octubre-noviembre y el calor al nivel del mar es insoportable. Además tenía un jardín muy hermoso con árboles frutales y la casita de Chico. La casa tenia dos pisos. Abajo salón, cocina, dos habitaciones y el baño. Arriba una guardilla.
- Sergio, en una semana me voy a Montpellier a ver a mi hija. Me gustaría que te quedaras en casa. La única responsabilidad que tendrías seria dar de comer a Chico.
- ¡Pero este perro come como un demonio, puedo perder horas!- bromee-.
- Puedes venir a partir de mañana si quieres y te mantendré el precio del apartamento de “Saline le Bains”.
Esta si que es buena. Una casa cuyo alquiler cuesta unos mil doscientos euros por trescientos.
Me salió un “No” por respuesta. François se quedó alucinado y yo también. La historia era que mi idea era vivir con gente, al menos para empezar. Es mejor para conocer un lugar y sociabilizarse un poco. Además esa casa no estaba muy bien comunicada. El no tener coche podía convertirse en un problema a la hora de moverme. En cambio mi apartamento en el oeste sí estaba bien comunicado y muy cerca de la playa.
François comprendió mis argumentos y me dijo que si cambiaba de opinión que le llamara.
sábado, 16 de enero de 2010
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