Gata blanca
La vida es un misterio. Hay veces que sin razón aparente coloca en tu camino seres que plantean retos.
Una mañana al salir de mi apartamento descubrí enfrente de mi puerta una gata blanca. Maullaba mucho. Parecía triste. No era un animal callejero ya que estaba muy limpio. La acaricié un rato y me fui, pero ella me siguió. No me lo pensé mucho y la subí a casa. Tenía un ojo cerrado y en el otro, el iris con manchas blancas. Pensé que su dueño le había pegado una paliza y después abandonado. Pero no había marcas… Tenia que resolver ese misterio.
Mientras le daba vueltas al tema me fui a comprarla comida. Hay que ser un buen anfitrión así que no escatimé en gastos: paté de salmón ( para gatos ), sardinas al vino blanco ( para personas ) y tierra para que no tuviera vergüenza de hacer sus historias escatológicas.
Cogí un cartón por la calle y le fabriqué una cajita. Al volver a casa la gata estaba durmiendo en mi cama. ¡Que listilla!
La cogí y le expliqué que ese no era su sitio. Creo que no lo entendió del todo ya que intentó subir en repetidas ocasiones.
La observé mucho rato. Se movía de forma extraña. Sus movimientos no eran precisos. Volví a observar sus ojos y le abrí el que tenia cerrado. Mi sorpresa fue brutal al descubrir que no tenía ojo. Era ciega de nacimiento.
Decidí ponerla un nombre: cieguita, blanquita, barbablanca… ninguno me gustaba. La llamé Indi. Indi como Indiana Jones. Él es un personaje valiente así que con ese nombre seguro superaría sus miedos.
- Indi, Indi, Indi!!! - La cogía y saltaba con ella - ¡Vamos a comer!
Probé con el salmón. No comía. Probé con las sardinas. No comía. Le intenté abrir la boca. Nada. Entonces fui yo el que se comió una sardina.
- ¡Mira, mira! ¡Mmmm que rico!-Caso omiso.
Me quedé con ella toda la mañana tarde y noche del sábado y siguió sin comer. Ahí me empecé a preocupar. La llevé al veterinario al día siguiente.
En el veterinario verificaron que no tenía ni chip ni tatuaje. Eso iba a dificultar mucho la búsqueda del dueño. Luego intentaron darle de comer sin éxito. Me confirmaron que era ciega de nacimiento.
Poco antes de finalizar la consulta, irrumpió en la sala el que era el máximo responsable del centro. Le explicamos el caso.
Él recordaba vagamente una gata de características similares pero no a su propietario. Me prometió revisar sus archivos y anotó mi teléfono móvil.
A medio día cociné pescado y carne intentando descubrir las preferencias de Indi. El resultado fue el mismo.
Empecé a pensar en lo peor. Los animales a veces rechazan la vida si no la pueden compartir con sus dueños. Tenia que inventar algo, algún método.
Por la tarde fui a comprar el pan ya un poco desesperado. En la panadería de detrás de mi casa todo el mundo cuelga anuncios de todo tipo: cursos de guitarra, chicas que se ofrecen a cuidar niños, venta de coches, motos y todo tipo de aparatos de segunda mano.
Isla Reunión es un lugar donde se recicla mucho porque las cosas en general son caras. También hay algún despistado que pierde animales de vez en cuando…
Encontré un anuncio de una chica que había perdido una gata blanca con manchas marrones. No describía ningún detalle de los ojos. Di por sentado que no era Indi pero lo intenté y llamé.
¡Hablé con la chica resultó ser la dueña! Me comentó que su gata era discapacitada. Vinieron a casa a buscarla en menos de un cuarto de hora. Recogieron la gata, así como la comida y la tierra y se fueron muy agradecidos.
Sentí una mezcla de felicidad y tristeza. Sabía que era lo mejor para Indi así que se me pasó pronto.
El domingo me invitaron a tomar unas cervezas. Vivian a cinco números de casa, en el primero.
En esa ocasión no fui pero sí en muchas otras. Ahora Indi come estupendamente. Su verdadero nombre es “Petite Papillote” aunque para mí siempre será Indi.
en el próximo episodio: las fiestas de san benoit
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